sábado, 11 de febrero de 2012

INSIPIENTIS


Con motivo de mi artículo “¡Ah, Pobre Español!”, un amigo se chanceaba conmigo por la parte en la cual yo aludía a los sufijos latinos or y trix, y explicaba que en español se convirtieron en “or” y triz”, y que este último siempre es femenino.  Pues bien, el amigo me decía: “¡Ah, ahora te la vas a echar de que sabes latín!”  Yo, le dije la verdad: que no lo sabía, pero que sí lo había estudiado (como todos los que tienen mi edad) durante los dos últimos años del bachillerato.  De ñapa, le deje saber que tuve la suerte de recibir clases de excelentes profesores que se esforzaban por hacer menos tedioso lo que podía ser supremamente aburridor, que aprendí bastante y que, por cierto, todavía me acordaba de una de las primeras tareas que nos pusieron: era traducir “papilionis circum floris volant.  En esa oportunidad abundaron las barbaridades como que “el papelón del circo tiene flores en el volante” y otras parecidas.  Sólo un compañero que había estudiado en el seminario y yo contestamos correctamente que “las mariposas vuelan alrededor de las flores”.


Y es lástima que hayan quitado el latín.  Porque le ayudaba mucho a uno a tener mejor vocabulario.  Si todavía lo enseñaran, uno no leería —como me tocó leer, no recuerdo donde, pero creo que fue en “El Nacional”— que alguien era considerado el alma pater de no sé que cosa.  Debe ser que el periodista piensa que, si existe alma mater —y creyendo, equivocadamente que esta traduce “madre del alma”—  también podría haber un alma pater.  ¡Pues no!  ¿O es que alguien ha visto a un padre dándole la teta a un hijo?  Que es lo que quiere decir alma: “nutricia”, “amamantadora”, “nodriza”.  De allí que ese sea el cognomento de la universidad: ella es la madre que nutre de sabiduría (teóricamente) a sus estudiantes.  En todo caso, si un varón pudiera amamantar a sus tripones sería un almum pater, con el adjetivo masculino.  Si alguien tiene que referirse al alma, mejor emplea anima.



Más de una vez han escuchado a alguien que, intentando decir que una persona se puso pálida, explica que fulano “se puso lívido”.  Y lo que está diciendo es todo lo contrario: que se puso entre azulado y amoratado. O sea, el tono que adopta la piel cuando a uno le ponen un “ojo pepúo”.  Lo que sucede es que el tipo no sabe que lívido viene de lividus: azul muy obscuro.  Por cierto, como los envidiosos se mueren de la rabia al ver la dicha de los demás y, por eso, su cara se congestiona, en latín se usa la misma palabra para designarlos.  Pero con una sutileza: si se trata de un envidioso impenitente, se le dice lividus; si es uno de los que de cuando en cuando siente una envidia momentánea —como usted y yo cuando nos enteramos que una persona se sacó el Kino de los mil millones— a ese se le dice lividulus: casi envidioso.



En el lenguaje culto y en los de las diferentes profesiones se emplea el latín con frecuencia.  Desafortunadamente, las más de las veces nuestros profesionales emplean las palabras sin saber qué significan, como el abogadito de medio pelo que creía que la locución: In loco parentis, se usaba para designar a la persona que toma a su cargo a unos menores cuyos “parientes se han vuelto locos”.  Casi la pega.  Muchos economistas nos dicen que sus vaticinios deberían cumplirse “séteris páribus”, para señalar que se darían si todo lo demás permaneciera sin cambio.  Y casi todos lo escriben así, con acentos esdrújulos y con esas dos eses, al comienzo y al  final de la primera palabra, creyendo que escriben latín, cuando lo correcto sería: ceteri paribus (todo lo demás igual).  ¿Y qué tal los médicos? Ellos emplean con frecuencia (con demasiada frecuencia, debería decir): prognosis y diagnosis.  Innecesariamente, porque en español tenemos pronóstico y diagnóstico, que quieren decir lo mismo.  Esos vocablos les llegaron, no por el estudio de las lenguas romances, sino por los post-grados en los Estados Unidos, donde sus colegas están muy preocupados por las demandas por malpraxis (latín macarrónico) que les pueden llegar.



Otra palabra que nos llegó del norte —y que nunca fue usada en la Roma antigua con ese sentido— es versus en el significado que se les da en las programaciones deportivas, como queriendo decir “contra”.  Esa palabra lo que significa es: “hacia”, “en tal dirección”.  Por ejemplo, en dirección hacia arriba se dice: subsuma versus.  Para decir “contra” en latín se usa contra, igualito que en español.  Así que ya lo sabe; nunca hacia el dugout vaya a un juego de Caracas vs. Magallanes sino a uno de Caracas contra Magallanes.  Si va al segundo, verá una pugna beisbolera de buena lid; si lo invitaran al primero, probablemente lo que vería es como los leones se salen de su cueva y se van de los navegantes.  Algo así como lo que están haciendo los socialcristianos de todas las latitudes, inclusive de Copei;  que se están acercando hacia Henrique Salas.



A los jerarcas de ese partido —para que al escoger candidato para la presidencia no les suceda lo que les pasó en las últimas elecciones para gobernador, que se equivocaron ex-profeso (¿ven que el latín sirve para algo?) de candidato— voy a dejarles una tarea que deben resolver antes del próximo miércoles.  Es una frase de Cicerón: Cuiusvis hominis est errore, nullius nisi insipientis in errore perseverare...

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