Un par de coincidencias hacen que el día en el que los griegos celebran su día nacional sea el mismo en el que Valencia cumple años, y que en 1821, cuando la gente de Ellas (como se llama en realidad lo que nosotros denominamos Grecia), acicateados por el Arzobispo Germanos, se rebelaban contra los otomanos, aquí se llevaba a cabo la campaña de Carabobo.
En Valencia existe una pequeña colonia griega que no llega a las ochenta familias. Sin embargo, lo reducido de los números no es óbice para que con su dinamismo se estén ganando un puesto prominente en el escenario carabobeño. Lo poco numeroso lo compensan con ganas de trabajar, buena voluntad y un alto espíritu gregario, en el buen sentido de la palabra. Y si a eso se le suma la energética conducción de Nicolás Paraskevopoulos —un líder que ya quisieran para sí otras colonias más numerosas— no puede extrañarle a nadie que los descendientes de los aqueos cantados por Homero vayan tomando, cada vez más, un lugar de preponderancia en Carabobo.,
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Cada año, en la noche del día nacional, los que nos acercamos a congratularlos vemos cómo va avanzando su sede social, y que lo hace de manera muy laudable: lo primero que va a estar terminado son la escuela —para que la señora Exarcheas no tenga que hacer tantos sacrificios mientras enseña el idioma griego a los jóvenes— y la iglesia del rito ortodoxo, la cual, estoy seguro, estará abierta a todos los que, sin importar su nacionalidad, pertenecen a ese rito. Las canchas deportivas ya están listas también. Los salones de baile, de juegos y de reuniones y el restaurante vendrán después, porque lo primero es lo primero: religión, cultura y deportes; afanes en los que los griegos, desde lo muy antiguo han sobresalido. Este año, para que vieran sus conquistas y progreso, y quizás para incitarlos a la emulación, trajeron a muchos compatriotas suyos desde Caracas y otras ciudades venezolanas; con esos mismos fines, además, hicieron venir a los camarógrafos y periodistas de la televisión griega. No en balde, "dinamo" y "energía" son palabras inventadas en tierras helenas.
Mucho de lo que somos y cómo nos comportamos los que pertenecemos a la civilización occidental se lo debemos a los griegos. Nuestra manera de pensar nos viene de los filósofos del Siglo de Oro, pero cristianizada por el pensamiento escolástico. Tanto, que las "virtudes cardinales" —prudencia, fortaleza, templanza y justicia, para los que se les ha olvidado el Catecísmo— fueron enumeradas primero por Platón y el nombre exacto que usamos hoy fue dado nada menos que por el propio Aristóteles. Fue el mismo Estagirita quien definió al hombre como un zoon politikón, diciendo: "Quien no puede entrar a formar parte de una comunidad, o quien no tiene necesidad de ello, bastándose a sí mismo, y no es parte de una ciudad; o es una bestia o es un dios."
Fue tan trascendental la influencia griega en el cristianismo que todavía muchas de las palabras empleadas en nuestra religión son de origen helénico. Empezando por "católico" (katholikós), que quiere decir "universal", pues nos cubre a todos; siguiendo por" dogma", que al igual que cuando la usó Aristóteles todavía quiere decir "verdad revelada"; por "Pentecostés", quincuagésimo, que es la festividad que celebra la llegada del Espíritu Santo; por “apóstol”, enviado; por "letanía" (litaneia), que es una rogativa, una súplica; hasta llegar al kirie eleison que rezábamos antes y que después del concilio hemos españolizado como ¡Señor, ten piedad! Cómo será la influencia que hasta" demonio" (daimonion) ,el propio don Sata que se ha de llevar a muchos, a lo mejor a uno mismo, viene de Grecia.
Y no sólo es la Iglesia; muchas de las profesiones liberales —y muchos términos empleados por ellas— son de la pura esencia griega. ¿Podrán los matasanos servir de algo si no tuvieran a mano sufijos y prefijos como: algia, artro, hepato, gastro, cardio, oftalmo, hemo e hiper, para mencionar sólo unos pocos? En la misma vena: diafragma, catéter, esclerosis, diagnóstico, esqueleto, necrosis y muchas más son puro griego. Cómo será, que cuando a uno le ponen una inyección, "hipodérrnica" y "glúteo" vienen también de allí. Si a la enseñanza nos vamos, encontraremos que las palabras: escuela, academia y liceo nos llegan de Pitágoras, Platón y Aristóteles, respectivamente; pero, además, nos vienen: gramática, aritmética, logaritmo, geometría y otras. El mismo vocablo" pedagogo" viene de paidos (niño) y age (conducir). Lástima que los maestros de ahora lo hayan olvidado y prefieran llamarse "trabajadores de la educación", cuando lo que ellos deben hacer no es un trabajo, sino un alto apostolado.
¿Y donde dejamos a los arquitectos, que vienen de arke (mandar) y texton (obrero)? ¿Y aquéllos, qué harían si no supieran de: estética, diámetros, simetría, hiperbólicas y hemisferios, por mencionar sólo unos pocos? ¿Y qué harían los que tienen por profesión la oikonomia para explicar sus teorías si no tuvieran los graphikós? Pues lo mismo que los politikós sin la democracia, los programas y los prosélitos, y nosotros, los militares sin la patria, la estrategia —de stratos, ejército, y ago, dirigir— para planear las batallas, la táctica (taktikós, arreglo) para organizar las tropas sobre el terreno y la jerarquía para echarle vaina a los demás.
Cómo será la cosa, que hasta los libidinosos no pudieran hacer mucho sin la poligamia, el erotismo, las orgías y los orgasmos (de orgáe, estar lleno de ardor). A este tipo de gente el gran Aristóteles les recomendaba sophrosiné, algo que en español se llama templanza y que ellos confunden con templadura. Que es otra cosa. De la que hablaremos otro día.
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